Desde que Zapatero le ganó por segunda vez las elecciones, Rajoy abrazó la misma estrategia que había seguido entre 2004 y 2008. El plan consiste en buscar el máximo desgaste del adversario sin descartar nada. Así, en 2004 vivimos el esperpento de la comisión de investigación sobre el atentado del 11M, incluido un verdadero interrogatorio al ya entonces Presidente del gobierno sobre su posible responsabilidad en aquel horror que, según el PP, nos había servido para ganarles las elecciones. Después vino la utilización miserable del terrorismo de ETA y del dolor de las víctimas junto con el proceso de conversaciones con la banda en la búsqueda de su disolución, que el PP trató de reventar desde el inicio –a pesar de haber suscrito un pacto contra el terrorismo que no respetaron ni un solo día-. Tampoco faltó el “Zapatero está rompiendo España” durante la tramitación democrática de la renovación de los distintos estatutos de autonomía, etc.
Desde 2008 el caballo de batalla del PP de Rajoy es la crisis económica. Tampoco en esta ocasión han querido ayudar. Todo aquello que les resulta útil para desgastar a Zapatero es incorporado , sin matices, a su comunicación política. Poco importa si se trata de minar la confianza en España ante nuestros socios europeos o ante los inversores, tampoco les detiene la inseguridad que genera, en la ciudadanía, su tarea de permanente obstrucción a todos los planes y medidas que el gobierno somete a la consideración del Parlamento. Su apuesta por la política de tierra quemada es –dicen ellos mismos- un instrumento útil para su acceso al poder. Las instituciones democráticas, los fiscales, jueces y policías, la guardia civil, los medios de comunicación no afines, hasta los funcionarios de la Hacienda Pública que informan sobre los casos de corrupción, todos pasan por la trituradora de Génova que funciona día y noche…
La de Rajoy es una tarea fácil que consiste en cuestionarlo todo para no tener que clarificar nunca su responsabilidad como líder de una oposición que no construye sino que destruye. Tampoco piensa rendir cuentas por la corrupción que le ha rozado tan de cerca. El problema es que se ha pasado tanto en su intento de acabar con el gobierno de Zapatero que toda Europa le ha visto el plumero. Rajoy estuvo dispuesto, en la peor semana que ha vivido España desde que se inició la crisis, a alimentar los rumores interesados contra nuestra deuda en vez de salirles al paso y defender a su país… Lo hicieron Merkel, Sarkozy, Cameron, Trichet, Strauss Khan, Berlusconi, Barroso, Van Rompuy, etc. Casi todos, por cierto, de la misma familia política que Rajoy, pero él no lo hizo. En la UE, ha cundido el estupor ante la actitud del PP de Rajoy (y no sólo en la UE, véanse grandes ausencias en su “desayuno económico” del 25 de junio, en Madrid).
Nadie entiende que un partido que gobierna en muchas e importantes Comunidades Autónomas del país, que ha sido gobierno y aspira a volver a serlo, que comparte mesa de partido europeo con el gobierno francés, el alemán, el italiano… haya podido jugar con fuego de la manera en que lo ha hecho el PP español. Y, por eso, andan ahora con cánticos de sirena: Arenas y su gobierno de coalición, Pons con carita de bueno, Rajoy lanzando mensajes vagos de colaboración…
Tras escuchar muchas quejas de empresarios, banqueros, gobiernos europeos y gente sensata de su propio partido, Rajoy tiene que decidir si quiere ser un dirigente serio de la derecha europea o un candidato irresponsable y populista. Esa es la decisión que sobrevuela a Rajoy. Pero a Mariano Rajoy no hay nada que le incomode más que tener que decidir.
(continuará…)