Desde el principio del verano asistimos a la enésima crisis migratoria en Europa. Las durísimas imágenes que nos llegan de la frontera sur y las que no vemos, pero conocemos, de las fronteras del Este reclaman la necesidad de construir una política europea de inmigración que gestione la movilidad de las personas, con la complejidad que este fenómeno presenta en el siglo XXI.
Ver artículo completo publicado en El País, 30 de octubre de 2006


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