A 15 minutos del Paseo de la Castellana de Madrid, pueden ustedes visitar la Cañada Real; un lugar inexistente desde el punto de vista de la legalidad pero en el que viven más de 40.000 personas. No hay luz ni canalizaciones. Muchos de los niños y niñas del poblado no van al colegio y algunos ni siquiera han aprendido a leer. Aunque también puede verse gente con dinero –los traficantes de droga- la Cañada se parece mucho a los peores suburbios de las ciudades pobres del mundo.
Al describir un solo lugar, puedes dar la medida del valor moral de toda una sociedad. Si no se interviene con toda la energía y los recursos que la situación requiere, la Cañada seguirá creciendo y también crecerá, entre los niños y niñas que hoy deambulan por sus “calles” un sentimiento amargo de expulsión y de rabia frente a nosotros que no les miramos. No estoy describiendo las chabolas de Río de Janeiro ni las de Johannesburgo. Esta vez hablamos de nuestros sub suburbios y, por lo tanto, hablamos de nuestra directa responsabilidad.



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