Yo nací a finales del verano y creo que, por eso, soy de otoño.
A medida que vas cumpliendo años, el otoño se vuelve más otoño y acabas casi instalada en esa estación con, cada vez más, breves salidas y entradas en las otros tres. Y, al final, te quedas a vivir para siempre en el otoño.
Algunas personas o situaciones te devuelven a la primavera, o incluso al verano (vibrantes sentimientos, cariños luminosos, una cierta paz, o mejor, armonía), pero, por lo general, el otoño lo acaba ocupando todo: inestable, nostálgico, sujetando el tiempo que será peor, ocre y rojizo como la parra virgen de los muros de mi casa, que anda, también, despidiéndose de su bello aspecto veraniego para pasar a parecerse mucho más a mí.
En otoño me han pasado cosas estupendas. Por ejemplo, fue a finales de septiembre cuando me enamoré de Javier y cuando noté, por primera vez, moverse a Natalie y Javichu en mi vientre (una sensación única, como burbujitas de agua dentro de ti).
Ha habido tanto otoño bello, de paseos por el Retiro y café en el Comercial, y los de caminatas por la playa de Altea cuando ya no queda nadie y el verano parece un cuento chino. O el de las tardes en el bar de la facultad, pasando apuntes o jugando al mus. Por no hablar del otoño en el colegio, recogiendo hojas de los plátanos para pegarlas en el cuaderno de “travaux pratiques”, que tenía una página milimetrada y la de al lado blanca. Y, también, sacando la ropa de más frío, las botas altas, la gabardina rosa y los pantis que te apetece tirar y comprar nuevos.
Pero hoy veo por delante un otoño más frío y apagado. Todo será más fácil si me ayudáis a frenar la llegada del invierno. Este año preferiría saltármelo.




Estamos todos así; seguramente sea la coyuntura general que nos toca vivir …. Pero al mal tiempo buena cara …. es lo que he aprendido y creo que funciona.
Cada estación tiene su encanto …. Llegará el invierno y el frío y tal vez la nieve nos haga reaccionar a esta sociedad sinsentido y codiciosa, en la que sólo unos cuantos tienen cabida.
Intentemos entre todos mejorar y cambiar este mundo¡¡¡
Querida Elena para que las hojas se renueven tienen que caer. A mi me mola el punto nostálgico de estos días… da un poco de pereza que llegue el frío contundente pero… ¿como podríamos sino disfrutar de la próxima primavera?
Un beso
A mí me gustan ese tipo de recuerdos y ese estado natural en que todo se serena, sobre todo el interior.
Yo recuerdo el comienzo de las clases, de niña, cuando todo te parecía nuevo. Aún tengo esa sensación, y me gusta. Es algo entrañable, que casi echas de menos. Compañeros nuevos, la seño, materiales renovados, cosas interesantes que aprender… Un aula donde pasabas todas las mañanas, día tras día, y alguien te enseñaba un poquito a descubrir el mundo. Y también una madre que se preocupaba de que pudieras asistir siempre, con los desayunos, la ropita preparada…
Son bonitos recuerdos que no quiero olvidar y que se avivan por estas fechas. Me surge el agradecimiento por todo ello…
Besos.
Sra Valenciano:
Como a casi todo en esta vida, llegué asu blog por casualidad aunque ya me lo habían recomendado.
Este post me ha parecido precioso y a mí me ocurre lo mismo.
Viendo sus links, he comprobado que tiene un enlace con el blog de Barack Obama. Me gustaría, si es posible, me explicara qué compartan una progresista como usted con el sr. Obama.
¿Es porque es un mal menor?
Muchas gracias de antemano y, de nuevo, enhorabuena por su blog.
Elena, la mención a esas burbujas en el vientre ha hecho que sienta aún más nostalgia y que mis ojos se humedezcan ante el recuerdo.
Un beso.
Es curioso que a mí se me están cayendo las hojas, pero las profesionales. Y la verdad que no está mal despojarse de vez en cuando de lo que nos sobra pero que no soltamos por las buenas. (Pensamiento complicado que para mí se queda)
Yo a lo que iba era a compartir de esta foto de Los Caños en otoño, cuando las olas se alargan. En reciprocidad por tu blog, con tu permiso.
Lo verdaderamente importante, la alegría de los niños.
http://album.miarroba.com/merops_apiaster/14/68/
Yo soy de noviembre y por convencimiento también me he quedado a vivir en el otoño, quizás porque es de esas estaciones en las que no solo caen las hojas sino que conforme nos pasan los años caen todos esos recuerdos que permanecían perennes en la rama de algún arbol lejano del que ya no divisamos en el horizonte.
Un petonet