El castillo infantil que se esconde en mi memoria está lleno de cosas que no siempre recuerdo pero que me asaltan, a veces, sin esperarlo. Hay canciones, nombres, imágenes, miedos, besos pegajosos de caramelo, calcetines que se “comen” dentro del zapato, chicles de fresa, vinagre en el pelo, bamba de nata de la pastelería “Rosita” en la calle Fernando el Católico, la voz de mi padre, el pelo de las muñecas, el tacto de las gomas de borrar “pelikan” o la densidad de la tinta azul oscuro, la cena que ha preparado mi madre, mi cola de caballo con un lazo amarillo, los juegos de magia y… ¡el olor de las castañas calentitas en la puerta del metro de la plaza de Bilbao!
Por una peseta nos daban un montón de castañas y las metíamos en el bolsillo de un abrigo de cuadritos muy corto que llevábamos -iguales siempre- mi hermana Paloma y yo. Quemaban, pero eso era lo bueno. A mí me gustaban las más tostadas y, algunas veces, tenía tantas ganas de comérmelas que no las pelaba bien y me tragaba alguna cáscara. Luego, las manos se nos quedaban sucias del polvo del carbón.
Siempre que, muy a finales de octubre, se instalaban las castañeras -no sólo en Bilbao, también en la glorieta de Quevedo- regresaba, con ellas, la sensación de haber entrado de lleno en el invierno. El olor de las castañas tostándose, el crepitar de las brasas, el ruido de la badila contra la chapa de hierro, me devolvía al invierno anterior, casi al primer invierno.
Hoy, he pasado por Bilbao y he sido “atacada” por el olor de un puesto de castañas. Entonces, he seguido el camino a casa de la mano de mi abuela Elena, con mis calcetines blancos deslizándose dentro de mis zapatos “merceditas”, con frío, porque el abrigo y la falda son muy cortos, así que camino deprisa, mirando hacia arriba, buscando la cara de mi abuela -que es muy alta- para reconfortarme en sus bellísimos ojos azules y su sonrisa llena de amor.
Hoy no he comprado castañas. No hubiera podido soportar la nostalgia.

Hay 11 comentarios desde la publicación del post ↓
1 heluna // Nov 10, 2008 at 5:51 pm
Hola!
Soy “la otra”. Sé que Nacha se empeñó en conártelo, pero la verdad es que hasta me hace ilusión cambiar mi cibernombre si con ello suben las visitas de pensamientos y palabras más cabales… Y lo corrobora, por ejemplo, este texto tan bonito.
En fin… fue un placer conoceros a muchos en persona después de haber oído tanto.
Un beso y esperemos vernos en próximas reuniones.
Elena
2 Bernat Jofre i Bonet // Nov 10, 2008 at 5:53 pm
Estaba acabando mi texto en el blog personal cuando ¡zas! he visto que alguien había escrito. He visto que era usted, y me he animado a navegar por su intimidad del pasado. No soy quien para juzgar, pero sinceramente, el texto destila, ante todo, humanidad. Ganas de desconectar de la política, de aterrizar en un ámbito mucho más humano: el de la familia, el de la nostalgia, en definitiva, el del “ubi sunt” y de aquella máxima que todos los que hemos pasado una edad tendemos a pensar, y es la de que como en nuestra infancia, nunca estaremos igual. Bienvenida pues la poesía al mundo del blog….
P.S.: yo también tuve una abuela que me llevaba a pasear…..:-)
3 Bernat Jofre i Bonet // Nov 10, 2008 at 7:01 pm
bueno, pues que dure la lírica…. no sabía las múltiples versiones que pueda tener una misma persona pública. fascinante.
4 Beni // Nov 10, 2008 at 11:57 pm
Este fin de semana, hojeando revistas de literatura atrasadas, me topé con una donde se recogía una entrevista de 2004 con José Luis Rodríguez Zapatero. En dicha entrevista el Presidente recordaba las lecturas que su madre le hacía de El Quijote, en la fría León, en torno a una mesa camilla, al calor del brasero. Al final Rodríguez Zapatero decía: “Para mí El Quijote es la constitución de la vida”. Me encanta que los políticos nos abran de vez en cuando el corazón. Por eso, me encanta, Elena, que hoy nos hayas regalado este texto tan emotivo y personal.
5 Paloma // Nov 12, 2008 at 12:35 pm
Qué bonito reconocerse, reconocer los mismos sentimientos y nostalgias. Te parecerá mentira pero hace no más de una semana, olí las castañas y le conté a la amiga con la que paseaba por Madrid que ese olor me devolvía a la Glorieta de Quevedo, alguna tarde del invierno de mi infancia y todas las imágenes de tu post estaban ya en mi cabeza. Soy la otra niña con cola de caballo (menos rubia que la mayor) y con el mimo abriguito de cuadros.
6 Daniel // Nov 12, 2008 at 2:12 pm
Elena:
me llamó Paloma para preguntarme si hoy había entrado en tu blog y había leído esta nota. Acabo de hacerlo. No me costó nada veros a las dos con los abrigos, las faldas, de las manos. Seguramente vi una escena parecida en alguna foto que ahora no recuerdo.
A la abuela Elena no la conocí físicamente, pero sé mucho por los cuentos, todos llenos de amor y admiración. Fue muy lindo leerlo. Sentí placer. Es de agradecer.
Gracias. Compraré castañas en Bilbao de camino a casa.
Besos, Daniel
7 Jesus // Nov 12, 2008 at 8:40 pm
Hola Compañera Elena!
A mí me traen los mismos sentimientos que a tí, esas castañas calentitas, un recuerdo de personas que me dejaron siendo yo muy joven y de las que poco disfruté, las mejores madres, las abuelas, cuando llegaba este tiempo y me decían ” Hay castañas en la despensa, sácalas y las asamos en la estufa” un recuerdo inolvidable e inigualable.
Gracias Elena, por recordarme lo que es el amor y la nostalgia que nos traen las castañas.
8 Marta // Nov 18, 2008 at 2:01 pm
Hace frìo en Berlìn y, parece mentira, pero el olor a castañas no lo invade todo.
Gracias por traerme a través del ciberespacio aquellos aromas càlidos que siempre me acompañan en mis largos viajes.
Cuando os iba a buscar a la parada del autobùs o a la puerta del cole, todavìa no era “mayor” y no podìa comer castañas (me podìa atragantar
). Pero las recuerdo grandes, mucho màs grandes que las que se venden ahora. Tan grandes y reconfortantes como el corazòn de la abuela.
9 pilar // Nov 18, 2008 at 5:20 pm
Bonito, muy bonito. Tus palabras me han llevado a otra ciudad, Barcelona, a la calle LLibreteria y Via Laietana, pero en mi recuerdo también hay castañas calentitas y calcetines blancos comidos por los zapatos, que bonito es recordar.
Gracias por facilitar la tarea del recuerdo.
10 TIO PACO // Nov 28, 2008 at 7:25 pm
……..y que te voy a decir,yo que no se escribir me animo a darte las gracias por tan bellos recuerdos de la abuela Elena, MI MADRE.
Ahh¡¡¡, no es la Plaza sino la Glorieta de Bilbao, que se note mis conocimientos del Foro.BesosTIO PAQUELE.
11 nath // Dic 10, 2008 at 11:32 pm
jo mami! mañana yo te compro castañas y me las como contigo!! te quiero mucho!!
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