Después de la comedia americana de Meg Ryan y Diane Keaton, sábado por la tarde, somnolencia y flojera, pasaron un par de horas sin que me diera cuenta… cuando he salido al jardín para espabilarme ya eran las ocho y oscurecía muy rápido. Al abrir la puerta que da al porche he recibido una bofetada del aire inconfundible de una primavera del Mediterráneo.
¿Cómo se describe eso? Una brisa que se adelanta a días dulces. El olor anunciante de las primeras flores amarillas. La evaporación del mar es distinta, tiene un velo de humo blanco al atardecer. Parece como que el aire pesara menos. ¿O es que ya lo conozco y lo anticipo yo? Pero si en realidad, la sensación me ha sorprendido al salir fuera ¿en qué sitio está guardado el recuerdo de la primavera del Mediterráneo que, en cuanto se insinúa, me atrapa?
No se parece en nada a la primavera de Madrid, que me recuerda a los exámenes y a la alergia al polen, que me inquieta, y acompaña días inciertos. Aquí, en Altea, se prepara un estallido fabuloso de azahar y hierbabuena, las niñas cambian sus colores y el mar y los pinos -que manchan todo de su polvito verde- también. Si chupas el tallo de las flores amarillas, está un poco dulce y un poco amargo y, si las cortas para ponerlas en un jarrón, se mueren de golpe. Es un sabor de los siete años… el de las meriendas estrenando las zapatillas nuevas azul pálido o blancas, que eran las que más me gustaban. La sangre corría como saltando por las venas y se llenaba la cabeza de ilusión y de aventuras alrededor de los naranjos o el cañaveral. Ése es un recuerdo de los trece… Y, así, todas las vacaciones de Semana Santa. Cuando venían nuestros “novios” de Madrid a dormir en la playa -pobres, qué frío debían pasar!- y robábamos comida de casa para que no se murieran de hambre. Amor nuevo sobre una colchoneta.
Es una suerte habernos venido a vivir al sitio en el que he pasado todas las vacaciones de mi infancia y adolescencia. Debe ser eso lo que ha sucedido al abrir esta tarde la puerta del porche. Ha sido una caricia grande y conocida. La estaba esperando sin saberlo. He cerrado y me he puesto a escribir. Mañana seguirá ahí fuera. Veré cómo me sienta a la hora del desayuno, cuando me llegaba a la cama el olor de las tortillas de habas. Esta noche pienso dormir con las ventanas abiertas para no separarme nada de esta tontería que tengo con la primavera mediterránea. Voy a acostarme con ella.



Ayer me sucedió lo contrario que a ti. La radio llevaba toda la mañana anunciando que llegaría la primavera a las 18.32 h. y por más que miraba por la ventana, lo único que veía era un cielo gris plomizo que amenazaba lluvia. El cielo de Madrid.
Y eché de menos la primavera de verdad, la de mi infancia, la de mi adolescencia y madurez… la primavera de toda mi vida en el Sur, donde un día cualquiera, sin avisar -mucho antes de que lo anunciara la radio- abrías el balcón y el olor a azahar lo llenaba todo.
Ayer eché mucho de menos ese momento y por la tarde me puse a sacar la ropa de primavera y verano de las viejas maletas donde las guardo cada septiembre. Sé que aún es pronto, que en Madrid quedan mucha mañanas frías, pero hoy, tendiendo mis vestidos sin mangas, mis camisetas de colores, me he sentido un poco más cerca de las tardes cálidas del Sur.
Qué bonito Elena, se lo acabo de leer a mi madre y le ha encantado (estoy haciéndole compañía).
Nos ha evocado nuestra infancia mediterranea y el olor a azahar y a naranjos.
Gracias por tu visita, fue un placer tenerte aquí.
Un besazo.
¡¡Caray, que bien escrto!!.
Te conozco de tu paso contundente por las tertulias de “Desayunos”, y este blog te da una dimensión poco común entre nuestros políticos..
Es estupendo que donde la Primavera se demora tengamos ya las mieles del recuerdo.
Me gusta que además de la análitica circunstancial sobre la cuestión cotidiana política cuentes tus emociones-recuerdos considero que tendríamos también que parar el mundo unos segundos y respirar hondo muy hondo, medio segundo de letargo primaveral, a mi me huele a azahar y me sabe a flores de cereza y almendra, pelín amarga, como si acabara de inventarse, bs
estas cosas estan muy bien ,mostrar esas sensaciones recuerdos y sentimientos es algo que no es muy comun en la politica ,bueno si el pp siempre muestra odio espero que esta primavera que la sangre altera no exploten por tanto odio acumulado
estas pequeñas cosas como tonteria de primavera demuestran y mucho la diferencia entre unos y otros
No sera que con la venida de estos calores nos estamos poniendo muy sensibleros. Y como se dice en mi sector si te lloran los ojos o es la alergia o te toca cambiar tus lentillas.
No creo que sea la alergia sino una inmensa alegría de observar pequeñas cosas que inundan la visión de tus ojos.
Enhorabuena.