Tus ojos habían perdido su luz. Y, sin embargo, buscabas siempre nuestra mirada. En los últimos días parecías pedir un descanso infinito. A mí me lo decías cuando, por las tardes, girabas en torno a la mesa del salón, inquieta, sin tumbarte a dormir a nuestros pies, como siempre. Se acababa tu tiempo y lo sabías. Yo también. Y, sin embargo, seguías avisando con tu ladrido la llegada de los desconocidos. Lanzabas, con tu alerta grave, a las demás perras y al cachorro para que ellos hicieran la vuelta a la casa que tú ya no podías dar.
Te has pasado toda la vida cuidándonos. En tus 15 años con nosotros he visto pasar, en ti, lo que será también toda mi vida. Has combatido contra la vejez elegante y digna. Por eso, ya preferías irte. Estos días te costaba seguir, incluso, el ritmo lento que habías elegido. He contado muchas veces cómo salvaste a Javichu de un accidente casi seguro. Una mañana, en la casita del campo, le perdí de vista. Era muy pequeño, tanto que las altas hierbas amarillas a los bordes de la acequia le tapaban por completo. No le veía por ninguna parte, le llamaba a gritos, hasta que te oí ladrar a lo lejos. Tú también eras tan sólo una cachorra preciosa de pastor belga, negra y charol. Corrí hacia tu ladrido y, allí estaba el enano, caminando por la acequia siguiendo el agua que desembocaba en una caída hacia una balsa grande… Javichu se hubiera caído por ahí si no me hubieras avisado. Desde entonces y hasta ayer, no le has perdido nunca de vista, ni a él ni a Nathalie.
Ahora te cuidaba Javichu a ti y, aunque pretendí evitárselo y sacrificarte mientras él pasaba unos días en Bruselas, no quiso. Ayer se despidió y luego, escribió en su tuenti que ganaríamos el mundial, para ti (es su máximo homenaje).
Hace un par de meses llegó un nuevo cachorro. No era de “los tuyos” y, sin embargo, dormía pegado a ti. Le dejaste jugar con tu precioso rabo de plumero hasta que lo dejó pelado, sin protestar, resignada abuela, paciente con la fuerza vital de Congo. Creo que, en el fondo, te divertía. Te quisimos mucho, mucho… pero ni la mitad de lo que tú nos quisiste a nosotros. Adiós Kenia, cuídales por ahí arriba.



Un beso, Elena,
Diego
LA PROMESA.
Empezó a tomar abrigo
de Javichu, las certeza
y, Kenia será testigo,
al ver que su gran amigo,
sabe cumplir su promesa.
No sabes como te entiendo, hace dos meses le dije adiós a mi Tina, 15 años maravillosos con ella. Jamás la podré olvidar.
Un abrazo
Tambien nosotros tuvimos la suerte de convivir con Kenia y disfrutar de su belleza,su lealtad y su cariño.C.omo todos los de esa casa nosotros tampoco la olvidaremos,Elena y Luis (los Jefes)
Kenia era todavía joven cuando tuvo que separarse unos meses de su familia al trasladarse Javier a Madrid.
No había sitio en casa de Elena para tanto perro y Kenia se vino a vivir a casa esos meses, a compartir soledad con su prima Nubia. Creo que nunca se acostumbró al frío de Madrid, ni a quedarse en una casa desconocida sin seres humanos durante todo el día.
Todas las mañanas buscaba la forma de salir, romper la valla, saltar el seto para salir corriendo detrás del coche (le quedó para el resto de su vida una cicatriz en el morro que se hizo intentando abrirse paso por la alambrada que rodeaba la casa).
En realidad, Kenia echaba de menos a su familia, a Javier, a Javichu, a Elena, a Nathalie. Por eso, cuando por fin pudieron reunirse todos de nuevo en Altea para siempre, Kenia dedicó cada uno de sus días a cuidarles a todos y a disfrutar de su compañía. Y allí donde esté seguirá vigilante para proteger a los suyos.
saludos elena
que te puedo decir
El tipo de compañía, de cariño y de lealtad, que nos dan algunos animales es de una calidad difícil de olvidar, yo que me precio de ser una persona solitaria, han ocupado en mi vida un lugar privilegiado, y alguna de las perdidas nunca las olvidare. Siento y comprendo tu tristeza, y me alegra encontrar momentos personales en tu blog, porque te hacen coherente con lo que dices en público.
Kenia hablaba con su amo Javier: le miraba a los ojos, Javier le hablaba y ella contestaba “guau, guau, guau” sin apartar su mirada. Ella y otros perros han adornado nuestra niñez con dulzura, lealtad, amistad, carreras y enorme cariño… nos han hecho crecer y también aprender a aceptar las separaciones cuando se van. Una caricia desde aquì para tì, perra linda
Te he escuchado hoy en RNE encantado de las cosas que decías y busqué en la red para ponerte cara. Ha sido una sorpresa leer esa preciosidad sobre la perra que se os ha muerto.
Estar en el trabajo y que las lágrimas asomen no es buena cosa para un lunes por la mañana. Pero es que lo que trasmiten tus palabras lo entiendo perfectamente. El amor por esos seres increíbles es algo difícil de entender, incluso para aquellos que como nosotros hemos llegado a compartir nuestra vida con ellos. Aún no he pasado por esa experiencia y es probablemente una de las cosas que más miedo me dan en este mundo.
Gracias Elena. Da gusto encontrar políticos con las ideas claras y sobre todo con sentimientos que compartir.
Un abrazo y suerte en tu trabajo.
Querida Elena, siento tu tristeza. Quien no ha convivido con un perro no puede entender la soledad que se siente cuando se van, ni tampoco disfrutar del cariño y lealtad totalmente desinteresado que dan a la familia.
Un beso
Hace mas de un año que yo perdi a Selva, una malamute de 10 años a quien di el biberon en sus primeros dias de vida y a partir de ahi nos hicimos inseparables. Mis amigos decian siempre que ella era una extension de mi o yo de ella, pues nunca nos separabamos la una de la otra para nada. Y no lo hicimos hasta que la enfermedad se la llevo para siempre.
Asi que animo, al principio es horroroso, y el dolor te atrapa, y poco a poco, aunque jamas llegue el olvido, el intenso dolor se suaviza y aparecen solo los buenos momentos pasados.
ojala las personas fueramos la mitad de bondadosos, leales y total entrega como los animales
enhorabuena por poder compartir semejantes sentimientos
un saludo
Querida Elena, nos has emocionado a todos con este emotivo recuerdo a tu perra Kenia.
Un beso.
Se alejaba “civilizado”por la vereda que una vez más le llevaba a su lugar favorito.
LLegó alviejo roble y como tantas veces andó
alrededor del tronco,lo olfateó y levantando
una de sus patas traseras,orinó sobre el tron-
co marcando así su dominio de esta manera.
Se alejó unos metros ,giró sobre si mismo y
como si quisiera jugar con su rabo,se echó al
suelo, que estaba cubierto de hierbas que to-
davía coservaban su verdor.
Al poco tiempo cambió de postura, estiró su
cuerpo,abrió sus patas traseras lo más que
pudo, las otras dos las extendió hacia de–
lante y estiró su cuerpo, para sentir así sobre su barriga el frescor de la hierba.
Agachó su cuello y extendió su cabeza para
llegar a ponerla entre sus dos patas delante-
ras.
Miró al frente,y le llamó la curiosidad una mariposa de alas intensamente rojas, que po
saba sobre una pequeña piedra, no más de un metro de distancia,desde donde”civiliza-
do” se encontraba.
Lo que más le llamó la atención, no era sólo
el color rojo de las alas de la mariposa, sino
que también, el ritmo sincronizado de movi
mientos continuos en el abrir y cerrar de estas.Se quedó mirando fijamente durante
unos minutos,hasta perder la atención,ya
que las alas de la mariposa se quedaron fijas,unidas y sin movimiento.
Resopló,abrió la boca,enseñó su lengua rosa
que hacía contraste con el color oscuro de su
hocico y con los negros,brillante y humedos
ojos y orificios nasales.Para luego terminar
cerrandola.
Cerró el ojo izquierdo como si quisiera gui- ñar.Lo abrió, para luego cerrar ambos,le-
vantó la oreja izquierda,bajó la derecha y
soñó con la mariposa roja.
Mientras tanto, el viento soplaba racheado.
Y el pequeño mar de tallos amarillos,forma
ba olas, y las espigas hacían de crestas.
Un cordial saludo.//
Se me ha encogido el corazón con lo de tu perrita Kenia. Me ha dado gran pena tu relato. Lo siento de veras. Un abrazo
Aqui queda claro la clase d políticos que tenemos en el PSOE, personas que muestran sus sentimientos, sus ideas, sin ningun resquemor….
Elena, yo amo a los animales, porque ellos te dan lo que las personas no te dan….y duele mucho despedirse d ellos cuando llega su hora.
un abrazo!!
Estimada Elena: te escribo desde la isla de Gran Canaria. Absolutamente todas las noches, desde hace más de veinte años, salgo a darle de comer a los gatos de la zona donde vivo.Cada uno me espera en su contenedor de basura, y conocen el ruido del motor de mi coche. Los he visto nacer, los he curado cuando estaban enfermos, los he llevado a sacrificar cuando la cosa era irremediable……y los he visto morir.Por eso se muy bien lo que se siente cuando uno de ellos se va. Te comprendo y te envío un abrazo muy fuerte.
lo siento,es preciosa kenia,solo te puedo decir que desde que la he visto y he sabido que ya no esta se me han empezado a caer las lagrimas porque se la pena que habreis sentido, perderlos es perder una parte de nosotros,conmigo viven tres, Miguel,triana y el chorro, los tres callejeros,el último se parece a kenia, se presento el 29 de diciembre pasado en la puerta de mi casa con un alambre incrustado en la pata,, muerto de hambre y de frio, le operaron corriendo y son lo mas grande que tengo en mi vida,además de mi hijo, claro.seguro que el espiritu de kenia estara siempre cerca cuidandoos.,un abrazo.