En invierno lo bueno son las mañanas y en verano las tardes. De todas formas, los meses de octubre a junio son los mejores. Enero tiene estas calmas increíbles con el mar como un plato y un sol sin barreras: luz dorada a raudales. En verano la luz es demasiado blanca, sin calidez ninguna. Luz a lo bestia. Me gusta menos.
En este Mediterráneo se disfruta del sol cuando no ofrece toda su potencia. Cuando lo hace es mejor refugiarse de él en una casa umbría o bajo un algarrobo (tapa el sol y refresca varios grados). El atardecer del invierno empieza pronto con humedad para llevarnos a la imprescindible chimenea o la lumbre de la cocina. En cambio, más tarde, cuando ya se ven bien las estrellas, la noche de enero vuelve a ser más cálida, anunciando estas mañanitas esplendorosas para un desayuno con gafas de sol y calor (si llegara un extranjero despistado creería que estamos en pleno verano).
En Altea hay un “microclima” dicen los entendidos -no sé si muy científicos-. Lo cierto es que estamos protegidos por un collar de montañas que paran muchos vientos y muchas lluvias (a veces llueve justo detrás de la montaña del norte y no llueve aquí; y son 500 m!) y por una bahía casi perfecta…río, cañas, adelfas, romero, higueras, pinos y palmeras (importadas pero muy extendidas), almendros, naranjos, limoneros y nísperos…todo el Mediterráneo en 35km2.
Y hay mucho más: los barcos de pesca con todas sus artes que no me canso de ir a ver cuando están en el puerto, la mejor forma de conocerlos a fondo cuando no se es marinero. Claro que lo suyo es salir con ellos de madrugada a pescar y beber algún caldito o a comer una fideuá (dicen que fue un invento de un marinero que olvidó llevar arroz y utilizó los fideos que había en el barco).
Y una playa de piedras rodadas blancas y grises, negras, rosadas, que han sido una bendición para frenar (sólo en parte y durante unos años) la construcción destructiva de la costa. Aún con todas las barbaridades que se han hecho, a la gente no le gusta la playa de piedras, así que estamos bastante tranquilos…Y rostros, del mar y de la huerta, manos de labradores y recuerdos de toda la vida -incluso de la no vivida-. La de cualquier orilla del Mediterráneo. Mientras haya jazmín en verano y solazo matinal de enero, soy yo la que está ahí.


Buone vacanze Elena!
A Elena le sienta bien la terapia mediterránea.Un cordial saludo.
He deseado, mientras lo leía y sin conocerlo, estar allí. Un texto sencillo es, a veces, la mejor manera de despertar emociones. Gracias.
Elena, soy de Almería y coincido contigo, los mejores meses son de octubre a junio. Deberiamos potenciar ese clima, como refugio de los europeos en invierno.
Coincido contigo en en la pasión por Altea a la que no he dejado de ir ningún año de mi vida.
Desde hace mas de 15 años paso dos-tres semanas al año en Altea (Hotel Cap Negret). Dices que a mucha gente no les gusta las playas de piedra. Afortunadamente eso ha evitado que Altea se convierta en un nuevo Benidorm, Calpe, Villajoyosa, etc.
Gracias por compartirnos tan buena experiencia, espero hayas logrado pasar unas vacaciones maravillosas.
Aquí en Colombia el mes de enero al ves sea uno de los más anhelado, primero por que todos desde trabajadores hasta estudiantes estamos en vacaciones, gozando de un clima caliente hermoso apropiado para disfrutar en cualquier ciudad, pueblo o vereda del país, ademas que las fiestas se hacen maravillosas y logran brindar una alegría autentica a nuestra tierra.
Saludos.