Políticamente, Mariano Rajoy quedará como el Presidente que pidió un rescate para nuestro país, que cedió nuestra soberanía para autofinanciarnos y que encima, tras delegar el anuncio en un ministro, nos lo intentó vender como una bicoca.
Sin entrar a valorar la necesidad o no de esta decisión, por mi parte, la única tranquilidad que a día de hoy me queda es que la burbuja inmobiliaria tiene cifras, y seguramente la inmensidad de las mismas nos dan una explicación muy clara de lo que ha sido y es nuestro país en los 15 últimos años, como esos padres que duermen un poco mejor el día que averiguan quién se cargó a su hijo y cuya última lucha es que alguien ponga al criminal donde merece, a pesar de que nunca vayan a devolverle lo que han perdido.


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