
Adelfas blancas y rosas. Jazmín, petunias, caléndulas, dalias. Almendros e higueras, algún algarrobo, el ruido del mar dando vueltas a las piedras redondas de la playa. Pinos, naranjos, limoneros y araucarias. Piteras y palmeras esbeltas y otras gorditas. Humedad cargada de suave olor a salitre y brea.
Chicharras que gritan de calor hasta que se callan todas de golpe marcando la hora de empezar a preparar la cena. Entonces, aroma de aceite de oliva, ajos, tomate y un pescado tostándose a la brasa.
Cañaverales de nuestra infancia y pulseras de flor de verbena.
Calor y penumbra de la obligada siesta antes de una tarde de conversación y vestidos blancos.
Historias de conquistas y de pescadores, de hijas que dejaron la tierra y de muchos que se fueron para siempre. Sabiduría de todo lo que trajo el mar.
Barcos y playas.
Todo lo que importa, sucede aquí.
Mediterráneo en Altea.
Mediterráneo en Altea
17 agosto, 2012 · Hay 5 comentarios · General
Etiquetas: Altea·mediterráneo


texto muy chulo!
Hubo un tiempo, cuando algunos de los comentarios que aqui se escribian, ilustraban nuestro conocimiento y sabiduría, estaban avalados por razonamientos lógicos, basados en certezas o en ideas, pero lamentablemente hoy, abundan los comentarios irreflexivos, infectados por falsas creencias, que una vez mas, testimonian la inagotable fuente de la ignorancia. Me atrevo a adivinar, que estos sujetos pasivos, antes que víctimas fueron agresores, de ahí que su nula facultad crítica, sea consecuencia directa de la ceguera o quizás del odio que respiran. Sea como fuere, la indolencia progresiva junto a esta acusada tendencia a ser pasivos y a persistir indefinidamente en el curso, los convierte en esclavos de la doctrina que profesan. Serviles y obedientes se acompañan de la filosofía del fracaso, del credo de la ignorancia y del evangelio de la envidia, mientras desconocen que son cómplices necesarios de esta decadencia, que por tercera vez, procura el reparto igualitario de la miseria.
Estimada y respetada Elena;
Como bien describes es el Mediterráneo.Y cuando te leo me da envidia.Ya que las cosas más grandes o pequeñas,cuando se tienen no se valoran.Y cuando se pierden te dás cuenta lo que para el ciudadano significa.Una Navidad sin nieve para un nórdico, no es Navidad.Lo mismo diría unas Navidades para un europeo, en una playa a 40 grados de calor tampoco lo sería.Cuando te leo y huelo el pescado que se está haciendo al fuego.Tengo y me veo obligado a recordar las veces que he cenado una urta al horno,con rodajas de patatas y tomates.Rociada con brandy o whisky.Una auténtica delicia, y más cuando de postre te dan las olas,Y de música para alegrar la noche el ruido de estas.–Me acuerdo de Serrat y termino tatareando aquello que dices:Y que le voy hacer si he nacido en el Mediterráneo vivo.Donde pasan las cosas.
Recibes un cordial saludo.//
LA CENA
Todos se encontraban allí,sentados
alrededor de la mesa para cenar.
La arena acariciaba sus pies,
y al mismo tiempo hacía de terapia
a talónes y plantas.
El mar con la ayuda de su amiga
la luna.Habia encendido
sus lámparas.
La olas mostraban sus bufandas blancas,
y cuando éstas,morían sobre la arena,
brillaban collares de plata.
Sobre la mesa resaltaban pequeñas luces.
Era el efecto y afecto que producía
la copa de cristal y el vino que
se encontraba dentro.
Los platos sobre la mesa,
lucían trozos de nácar,
y de guarnición,decoración
rodajas de cebolla,tomáte
y patata.
Todos muy animados
platicaban y opinaban.
Unos hablaban de politicas
a medio y largo plazo.
Otros de los errores del pasado.
Los habían que no sabian de
politicas de familias.
Y lo achacaban a un invento
de los innovadores del norte y centro.
Los habían que dijeron y exclamaron:
!A ver cuándo dejan de inventar!.
Hubo un comensal que medio
gritando dijo:”Pues de modelo de
producción no hay que cambiar”.
No había terminado de pronunciar
la última palabra.
Cuando un viento racheado levantó
parte del mantel de la mesa
y le tapó la boca.
Al mismo tiempo que se la limpió
y le sirvió de servilleta.
Todas las manillas de los relójes
andaron como es debido.
Los vinos se marcharon a otro lugar.
Y los platos se vaciaron.
El mar apagó sus luces,
la luna se transformó en un lunar
de gasa blanca transparente.
La madrugada se fue a hablar
con Lorca y Ochoa.
El horizonte paseó la brisa,
y ésta, abrazó los colores
y pinceló el amanecer
de un nuevo dia.
Todos contentos y satisfechos exclamaron:
!ha merecido la pena, cenar!.
De haber cenado en el Mediterráneo,
en su playa y su arena.
Relato: LA CENA
Dedicado: PSOE
Si durante la campaña electoral gallega vienes a Coruña, intentaré acercarme para conocerte. Saludos.