La noche del terremoto en Haití y la siguiente no pude dormir. Como mucha gente, tenía metida en la retina el sufrimiento de ese pueblo. Y me desesperaba pensar lo poco que hago para luchar contra la fatal injusticia que es la pobreza.
Conocí Haití, pero aprendí a quererlo, como tantas otras realidades, a través de los ojazos y el trabajo de mi hermana pequeña, Marta. Es veterinaria y epidemióloga y siempre estuvo comprometida con la tarea científica a favor del desarrollo. Con ella y con Paloma -mi otra hermana- conocí Haití y a su gente. Cuando Marta se casó, hicimos tod@s una colecta para comprar vacas para las mujeres haitianas y estas noches me acordaba de ellas.
Durante mis insomnios no se me ocurría nada peor que lo que estaban viviendo los haitianos. El comentario de Munilla en la SER me pareció infame. Por eso, al levantarme muy temprano el viernes, escribí ese post que me salió, esta vez sí, del alma.
Las palabras de Munilla no son inocentes, no son sólo una torpeza. Traducen el absurdo pensamiento de la jerarquía católica española, alejada del sufrimiento de la gente y de su realidad. ¿¿¿Qué es peor la pobreza espiritual que la muerte de tanta gente inocente???? Y, acompañando esa cruel reflexión sus opiniones “oficiales” que machacan a los pueblos más dependientes y desasistidos: no al preservativo, no a las políticas de salud y sexualidad, no a la liberación de las mujeres, no al pensamiento laico, no a la iglesia de base ni a la teología de la liberación… Sí a la resignación cristiana para los pobres porque Dios les compensará en el otro mundo, etc.
Por eso me indignó lo que dijo, porque conecta con el mensaje más terrible de la Iglesia católica. Por que él es uno de los representantes de lo peor de esa Iglesia. Muchas veces les escucho, lo pienso, y me callo, pero esa mañana no lo pude soportar. Y esa es la historia del anterior post que tanta polvareda ha levantado. (Aprovecho para informar de que los comentarios que contenían insultos tanto hacia mí como hacia Munilla, no han sido editados.)
Sólo tienen su dignidad y una tierra seca y diezmada de la que no sale nada salvo amenazas de miedo y muerte.
Decíamos de Dinamarca con lo de Juantxo López Uralde, pero no hay que irse tan lejos para quedarse una perpleja por algunas sentencias judiciales.
Como si de un antiguo cuento de navidad se tratara, Mariano Rajoy (Don Mariano) se lleva las cámaras de televisión a un comedor social, se enfunda un traje de cocinero y sirve “a los indigentes” la comida del día 29 de diciembre.
Me gusta sacar los cestos que guardan las cosas de una Navidad a otra, todo bien envuelto en hojas de periódicos antiguos. Con los años, voy renovando algunos elementos y cambio el tipo de decoración pero siempre quedan, de navidades anteriores, algún papá Noel de fieltro algo arrugado y un poco sucio o los angelotes dorados que inundaron las lámparas hace tres años… Las bolas típicas no me gustan. Prefiero muñecos de renos y bambis blanditos o los hombres de nieve y las campanas rojas, verdes y blancas. Los papánoeles de madera que cuelgan boca abajo son mis favoritos, con sus mofletes sonrojados como si acabaran de bebérselo todo!



Dicen los dirigentes del PP que el gobierno lo ha hecho TODO MAL en la crisis del Alakrana.