Desde el máximo respeto a la decisión del pueblo irlandés, la Unión Europea debe seguir impulsando las ratificaciones al Tratado de Lisboa con la misma energía que ha demostrado España a lo largo de este proceso.
Europa necesita más que nunca un impulso de democracia, de modernización y de eficacia. Y el Tratado de Lisboa es el mejor instrumento posible para lograrlo. No hay mucho tiempo ya para la introspección y la endogamia, para los debates sobre identidades y reparto de poderes. Es la hora de la política y del compromiso de Europa con los ineludibles desafíos de este siglo. Ninguno de los grandes problemas que afronta la humanidad va a esperar al resultado de nuestro ensimismamiento. El pasado mes de diciembre, los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 países de la UE firmaron el Tratado de Lisboa, resultado de un largo proceso de discusiones y de un cuidadoso juego de equilibrios y excepciones; una titánica tarea de consenso. A día de hoy, 18 países, que representan aproximadamente a 300 millones de ciudadanos y ciudadanas han ratificado el nuevo Tratado. España se apresta a hacerlo en las próximas semanas. Y por eso, Irlanda no puede detener a la mayoría de los que queremos poner a punto el motor europeo para no perder la oportunidad de estar en el grupo de cabeza del tablero internacional.
Corresponde, sin duda, a los irlandeses analizar las razones de este no, seguramente, heterogéneo, incluso basado en motivos que se contradicen entre sí. Los partidos políticos irlandeses que, con la única excepción del minoritario Sinn Fein, habían apostado por el sí al Tratado, deberán revisar muy a fondo su falta de conexión con el electorado y todos debemos colaborar en la tarea de reconstruir la confianza de la ciudadanía en las instituciones.
Escucharemos atentamente a nuestros socios irlandeses, que son los que deben proponer una solución, pero el proceso no debe desinflarse y, mucho menos, detenerse si de verdad queremos defender y fortalecer el espacio común que mejor combina el desarrollo económico y la cohesión social de todo el mundo.
Si no existiera Roger Federer, Rafa Nadal, con sus números absolutos sería -con toda seguridad- el número 1 del mundo. En cualquier otro momento, con su capacidad y sus resultados, Nadal sería el líder indiscutible (su 4º Roland Garrós ha sido un auténtico prodigio).
Si no existiera Barack Obama, hoy Hillary Clinton sería la candidata del Partido Demócrata a la presidencia de los Estados Unidos y después, la primera mujer en gobernar ese gran país. Hillary hubiera vencido a cualquier otro contrincante pero Obama, contra todo pronóstico inicial, ha podido con la dama porque ha manejado herramientas y “modos” que Clinton desconoce. Barack Obama ha ido directo al corazón de todos aquéllos que son capaces de arriesgar con tal de darle una patada al sistema de poder de Washington, del que desconfían. Por un escaso margen de apoyos, en una contienda en la que han participado 36 millones de personas, Hillary ha perdido la nominación y la posibilidad de ocupar la Casa Blanca, esta vez como auténtica “dueña”.
Algunos de los asesores de H. Clinton han dicho que, en estas primarias, no se estaban enfrentando a otro candidato sino a un fenómeno…eso es Barack Obama o, más bien, lo que él representa. Esperemos que la fuerza de este primer candidato global se mantenga hasta conseguir vencer a McCain en las presidenciales de noviembre. No será fácil.
Hillary Rodham Clinton podría haber sido la verdadera Primera Dama de los Estados Unidos de América y haber hecho saltar por los aires la tradición que sostiene que son los hombres los que dirigen el destino del mundo… pero para hacer eso posible Hillary Clinton no debía coincidir en el tiempo histórico con Barack Obama.
(…) Según el Banco Mundial, en Europa hay una población de entre siete y nueve millones de gitanos, de los que alrededor de dos viven en Rumania.
Son parte de esta minoría sin patria que en estos días ha vuelto a sentir, en pleno corazón de Europa, el rechazo, el racismo y los prejuicios de quienes los consideran peligrosos, diferentes.
Semanas atrás hemos contemplado la brutal imagen de campamentos de gitanos rumanos salvajemente atacados e incendiados por grupos de exaltados. Entre esos 500 gitanos que han tenido que huir de sus infraviviendas había muchos niños y niñas que, sin entender, corrían de la mano de sus padres y madres llenos de miedo.
Ellos y ellas son especialmente sensibles a su entorno y necesitan vivir con seguridad para crecer en plenitud. El reconocimiento del derecho que tienen a ser protegidos es básico para evitar los actos de violencia contra ellos; un derecho que ha de venir acompañado de la legislación adecuada y de su cumplimiento. (…)
“Recemos juntos”. Eso fue lo que entendí cuando, ayer, escuché el eslogan del próximo Congreso del PP… En realidad es “Crecemos juntos” -que no es muy bueno, francamente- pero ya veis lo que puede hacer el inconsciente, ¡al menos, el mío! En todo caso, no les vendrá mal rezar juntos, a ver si la plegaria resulta y vuelven a hacerse tod@s amig@s.
(…) Kosovo, Irak, Vietnam, Camboya… también forman parte de este grupo de países donde todavía hoy hay niños que pierden una mano o una pierna. Como le ocurrió a Zahra, un chaval de 12 años del sur del Líbano: “No puedo jugar. No salgo. Antes lo pasaba bien con mis amigos. Pero ya no puedo jugar con ellos. Bromean sobre mis dedos y sobre mi pulgar. Dicen que no me volverá a crecer. Sólo pido que me vuelva a crecer el pulgar y que mi mano vuelva a estar bien. Sólo eso”. No podemos devolverle a Zahra su pulgar, pero sí intentar que recupere sus ganas de jugar, de salir de casa. (…)
Dicen los marineros que las que llegan a Altea vienen desde Egipto.
Recuerdo todos los veranos de mi infancia cuando, al levantarse mis padres de su larga siesta, subíamos a la torre –en la que tienen su dormitorio- y veíamos a las golondrinas entrar en sus nidos del tejado. Me impresionaba mucho pensar que esas golondrinas eran las mismas del verano anterior que iban y venían buscando el calor del eterno mediterráneo. Pero, entonces, no tenía conciencia del tiempo y no sabía que las golondrinas morían y que eran otras las que retornaban año tras año.
Hoy han vuelto a casa las golondrinas. Ayer ví las primeras, muy pocas, pero supe que vendrían todas. Ahora, revolotean entorno a la casa buscando sus antiguos nidos o un lugar adecuado para construirlos. Están aquí y yo sé que nos acompañarán hasta mediados de septiembre. Pero ahora, además de la alegría del reencuentro, significan también la certeza del tiempo que se escapa aún más veloz que su vuelo.
Cantan y bailan sobre nuestras cabezas, nos saludan. ¡Hay algunas muy pequeñas!
Les hirondelles sont revenues y, sin querer, me recuerdan que han pasado muchos años desde que subía emocionada a la torre para verlas. De todas formas, me encanta tenerlas en casa.
En Haití, desde comienzos de abril las manifestaciones y los saqueos de los “motines de hambre” -cinco muertos y doscientos heridos- amenazan la precaria estabilidad del país, y han provocado la destitución del Primer ministro Jacques-Edouard Alexis. El arroz, base de la alimentación de los más pobres, pasó en una semana de 35 a 70 dólares el saco de 50 kilos. Los actos violentos se desarrollan al grito de “¡Nu grangú!” (en criollo haitiano, “tenemos hambre”). Varios países asiáticos, en particular Indonesia y Filipinas, también temen desórdenes sociales por el aumento del precio de la soja, de la carne, y sobre todo del arroz. A comienzos de 2008 se registraron en Yakarta manifestaciones de más de diez mil personas por el aumento de precio del tofu.
Los asesinos de ETA han vuelto a machacar la vida de la buena gente. Hoy han sido los funerales oficiales y las imágenes de los informativos nos han acercado al dolor de otra viuda a destiempo, otra familia destrozada, más y más lágrimas… Dentro de unos días esa familia seguirá llorando y los asesinos no habrán logrado más que aumentar nuestro desprecio, nuestra indignación, nuestra rabia y la determinación de todos para acabar con ellos.
Aquí, en Altea, encimita del mar, rodeada de cariño y alegría infantil, pienso en el hijo de Juan Manuel Piñuel y en lo imposible que debe resultar para su madre contarle por qué no está ya su padre con ellos… ¿¿entienden las madres del entorno etarra de lo que estamos hablando?? Quiero su respuesta, quiero que nos digan qué debemos decir al hijo de Juan Manuel. Exijo su presencia pública para que den la cara ante los niños y niñas huérfanos por la zarpa de ETA.
Porque no hay causa, en un país democrático, que justifique el desconsuelo de ese niño, porque no puedo creer que haya una sola madre del entorno etarra que evoque los ojos de ese niño huérfano sin que se le cierre la garganta. Las convoco para que se manifiesten y expresen su rechazo al asesinato de Juan Manuel, aunque solo sea por ser madres de otros niños que tampoco merecen ese destino.
El hijo de Juan Manuel es como nuestros otros hijos. Como el mío que, ahora, juega con las 4 perras de casa y yo le riño porque está destrozándolo todo con los saltos que pegan y la tierra que levantan con sus pezuñas. Además, a él, a Javichu, le acaban de operar de la muñeca y tiene el brazo en cabestrillo y tengo miedo de que se haga daño.
Pero no para, se ríe de mí y monta aún más lío y gritos y ladridos…
¿Saben las madres del entorno etarra de lo que estoy hablando?
ETA ha vuelto a hablar con el único lenguaje que conoce. Pero los terroristas deben saber -saben- que con bombas y balas no nos entenderemos jamás. El dolor de perder a un compañero, a una persona que trabajaba para protegernos a los demás, a un ser humano… nos hace más fuertes y acrecienta nuestra determinación de luchar por la libertad, la paz y la justicia.
Los familiares de José Manuel Piñuel, los guardias civiles heridos en el atentado, el resto de los compañeros, el pueblo vasco y la sociedad en su conjunto cuentan con nosotros, con nuestro compromiso inquebrantable de acabar con la sinrazón terrorista y llevar a los asesinos al lugar que les corresponde: la cárcel.
Para ello, todas las fuerzas democráticas de este país tenemos que trabajar codo con codo contra ETA, sin fisuras, porque ETA no cabe.
Al drama de sufrir una catástrofe natural y humanitaria se suma el riesgo de vivir bajo una dictadura. Los militares birmanos nos han vuelto a demostrar lo que ya sabíamos: que los regímenes totalitarios y dictatoriales viven de espaldas a las necesidades del pueblo. La corrupción y el ansia de poder están por encima de la vida de los otros.
Sin alimentos, ni agua potable, ni medicinas, con las canalizaciones y alcantarillados destruidos y las masas de agua estancadas… quienes han sobrevivido al ciclón corren el riesgo de morir de cólera, de dengue, de malaria…
Los menores, como siempre, son los más vulnerables. Desnutridos y sin las atenciones adecuadas, una simple diarrea puede ser mortal -según Unicef, un 20% de los niños y niñas menores de 5 años ya tiene diarrea en las zonas más afectadas por el ciclón y los casos de cólera y paludismo se están desarrollando a un ritmo vertiginoso. Sin olvidar que muchos de ellos se han quedado huérfanos.
El régimen birmano habla de 31.938 personas fallecidas y 29.700 desaparecidas. En cambio, la Oficina de Coordinación de Ayuda Humanitaria de Naciones Unidas habla de entre 63.000 y 102.000 muertos, otras 220.000 personas en paradero desconocido, y casi dos millones sin hogar.
No tenemos tiempo. La Comunidad Internacional no puede aceptar más excusas, porque la gente se está muriendo. El Secretario de Naciones Unidas. Ban Ki-Moon, ha recriminado con dureza a la Junta Militar de Birmania; los gobiernos de la Unión Europea se reúnen hoy de urgencia -esperamos también una reacción firme y contundente-.
A la determinación de estos organismos internacionales debe sumarse la presión del país que más influencia tiene sobre las autoridades birmanas: China -que, desgraciadamente, también ha visto como un desastre natural se ha cobrado muchas vidas humanas (12.000, por ahora). Me pregunto si la “desgracia compartida” hará reaccionar a las autoridades chinas frente a las birmanas.
No podemos esperar más la respuesta de organismos y países. Si no intervenimos inmediatamente, mañana será demasiado tarde.