Dicen que una divinidad muy antigua se enamoró de un baobab precioso que, por aquél entonces, era un árbol de fisonomía muy distinta a la actual (desgraciadamente, no se ha descubierto ninguna pintura ni descripción, en la tradición oral, que lo confirme). Aquel baobab, objeto de la pasión de una diosa poderosa, nunca correspondió a [...]
