Tus ojos habían perdido su luz. Y, sin embargo, buscabas siempre nuestra mirada. En los últimos días parecías pedir un descanso infinito. A mí me lo decías cuando, por las tardes, girabas en torno a la mesa del salón, inquieta, sin tumbarte a dormir a nuestros pies, como siempre. Se acababa tu tiempo y lo [...]
